Blog · 50 Bits para Fundadores · Estrategia
Measure What Matters
Mide lo que importa — John Doerr, 2018
El Bitenfoca a la organización en pocos objetivos ambiciosos y medibles, calibrados en la frontera entre lo posible y lo fantasioso.
Las buenas ideas sobran; lo que escasea es ejecutarlas con foco. Esa es la apuesta de John Doerr: los OKRs, objetivos y resultados clave, convierten la ambición en resultados medibles.
Frase del autor: "Las ideas son fáciles; la ejecución lo es todo."
El libro es especialmente relevante en un momento que todo fundador reconoce. Tu empresa creció y ahora todos están ocupados, pero nadie está alineado. Cada área persigue su propia lista, las prioridades cambian cada semana y tú eres el único que ve el mapa completo. El cuello de botella eres tú.
El método ataca justo ahí. Arranca con tres a cinco objetivos por ciclo (cuando una organización fija doce objetivos, no ha fijado ninguno; el límite es lo que obliga a elegir lo que más importa) y cuelga a cada uno cinco o menos resultados clave, cada uno con número, fecha y un dueño responsable de entregarlo. Los mejores OKRs viven en la frontera de lo posible: incómodamente ambiciosos pero genuinamente alcanzables. Y siendo posibles, se desdoblan: defines con detalle cómo se ve la empresa que sí los consigue, haces los planes concretos para hacerlo, y luchas contra viento y marea para dar ese resultado.
Deja que al menos la mitad de los objetivos suba de abajo hacia arriba (con cinco, unos tres propuestos por los equipos), porque cuando el liderazgo dicta todos los OKRs sin input del equipo, el compromiso se desploma. Hazlos públicos: todos ven los OKRs de todos, incluidos los tuyos, y la transparencia alinea más que cualquier junta. Sepáralos de la compensación, para que la gente se atreva a fijar metas ambiciosas sin castigo. Y distingue dos tipos: los OKRs comprometidos se cumplen al cien por ciento; en los aspiracionales, los moonshots, el rango sano de logro ronda el setenta por ciento, y ese promedio sostenido es tu termómetro de calibración: consistentemente muy arriba, no estás poniendo metas suficientemente ambiciosas; consistentemente muy abajo, las pusiste fuera de alcance. Nada de fijar y olvidar: se revisan y recalifican con cadencia, acompañados de conversaciones y retroalimentación continuas.
La diferencia entre aplicarlo bien y aplicarlo de moda se nota rápido. Bien hecho son tres objetivos que todos recitan de memoria; mal hecho, quince en un spreadsheet que nadie abre. Bien hecho es un resultado de negocio, como bajar el churn de 5% a 3%; mal hecho, una lista de actividades disfrazada de metas. Bien hecho es una herramienta viva que se revisa cada semana; mal hecho, un ritual burocrático que revive cada fin de trimestre.
¿Cómo iniciar este proceso? Escribe el objetivo número uno de tu trimestre en la frontera de lo posible, cuélgale tres resultados clave con número, fecha y dueño, márcalo como comprometido o aspiracional, preséntalo a tu equipo directo y pide a cada uno el suyo para el viernes, cuidando que al menos la mitad de lo que resulte venga de ellos, no de ti.
Este método de fijar y alinear metas no funciona solo con tu equipo, también es la mejor forma de iniciar una junta de consejo, y funciona igualmente bien en lo personal: salud, familia, aprendizaje.
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Cómo me sirvió
Un fundador, por naturaleza, se quiere comer el mundo: suele sacrificar beneficios de corto plazo, y su motivación y sus incentivos están enfocados en lograr lo imposible. Esa mentalidad no tiene por qué cambiar con el tamaño de la empresa. Paul Graham lo explica en su ensayo "Founder Mode", que veremos más adelante: los fundadores que dirigen como gerentes profesionales, delegando sin involucrarse, suelen perder justo lo que hizo grande a su empresa.
Los ejecutivos bien pagados y conformes con su compensación difícilmente tienen ese nivel de ambición, y es predecible que lleguen con propuestas menos ambiciosas. Como advierten Lafley y Martin en Playing to Win, jugar solo por participar es más peligroso: se le dedican menos talento y recursos, y por eso tiene más probabilidad de fallar.
Por eso es tan importante que el fundador siga empujando metas en la frontera de lo posible. Si te dicen que una meta es mala porque no hay elementos para creer que se cumplirá, el contraargumento es que una meta ambiciosa, por definición, no tiene todos los cómos resueltos el primer día: requiere investigar, salir de la caja y experimentar. Así se logran las cosas grandes.
Frase matona: "El que mucho abarca, poco aprieta."