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Blog · 50 Bits para Fundadores · Startup

The Lean Startup

El método Lean Startup — Eric Ries, 2011

El Bituna startup no es una empresa chica, sino un experimento para descubrir qué quiere el cliente; construye lo mínimo, mide lo que importa y aprende antes de que se acabe el dinero.

"La única forma de ganar es aprender más rápido que todos los demás."

— Eric Ries

Eric Ries escribió el libro después de vivir un fracaso y un acierto. En su primera startup pasó años construyendo un producto perfecto que nadie usó. En IMVU, la segunda, lanzó en semanas una versión llena de errores, la puso frente a clientes reales y descubrió que casi todo lo que el equipo suponía sobre ellos estaba equivocado. De ahí sale su definición: una startup es una institución diseñada para crear un producto nuevo en condiciones de extrema incertidumbre, y su trabajo principal no es ejecutar un plan, sino aprender qué plan vale la pena ejecutar.

Sobre el aprendizaje, sus lecciones son tres:

  • El aprendizaje validado es la unidad de progreso. No cuentan las líneas de código ni las funcionalidades entregadas, sino las hipótesis sobre el cliente que confirmaste o descartaste con datos reales.
  • Toda idea de negocio se reduce a dos apuestas. La hipótesis de valor, que el cliente quiere esto, y la hipótesis de crecimiento, que hay una forma repetible de atraer más clientes. Primero se prueba la de valor.
  • Construir, medir, aprender. Construyes lo mínimo que permita medir, mides la reacción del cliente y aprendes para decidir el siguiente ciclo. La velocidad que importa es la de completar el ciclo, no la de construir.

La herramienta central es el producto mínimo viable, que Ries define como la versión más simple que permite completar un ciclo con el menor esfuerzo. Puede ser un video de demostración, como el que hizo Dropbox antes de que existiera el producto y que multiplicó su lista de espera de un día para otro, o un "MVP de atención personalizada" (concierge MVP), en el que el fundador atiende a mano a cada cliente y hace lo que después hará el software. El MVP no es un producto malo, sino la pregunta más barata que puedes hacerle al mercado.

Sobre la medición, el libro separa dos tipos de métricas:

  • De vanidad. Usuarios registrados, descargas o visitas, que suben aunque el negocio no mejore.
  • Accionables. Comparan cosechas ("cohorts" en inglés), grupos de clientes que entraron en semanas distintas, y muestran si cada cosecha se comporta mejor que la anterior.

Con ellas se decide lo más difícil: pivotear o perseverar. El pivote es un cambio estructurado de estrategia que conserva lo aprendido, no un bandazo: enfocarse en una funcionalidad que funciona, cambiar de segmento de cliente, de canal o de modelo de ingresos. Ries propone una junta periódica con esa única pregunta, porque el error más común no es pivotear mal, sino no pivotear por apego. Y para llegar a la causa raíz de cualquier problema, recomienda la técnica de los cinco porqués de Toyota.

El destino de todas estas vueltas al ciclo es el product-market fit, un concepto que Ries retoma de Marc Andreessen: el momento en que el producto resuelve con claridad la necesidad de un mercado y los clientes empiezan a pedirlo por su cuenta. Antes de llegar ahí, acelerar el crecimiento solo multiplica el desperdicio. Después, Ries propone elegir uno de tres motores de crecimiento:

  • Pegajoso. Los clientes se quedan y compran de nuevo; lo que importa es que se vayan menos de los que llegan.
  • Viral. Cada cliente trae a otros al usar el producto.
  • Pagado. Cada cliente deja más de lo que cuesta atraerlo (el LTV supera al CAC), y la diferencia se reinvierte en atraer más.

Un concepto a dominar es el aprendizaje validado, porque redefine qué significa avanzar. Un equipo que construyó tres funcionalidades sin aprender nada no avanzó; uno que descartó su idea principal en dos semanas, con veinte entrevistas, avanzó con gran eficiencia.

¿Cómo aplicarlo? Escribe tu hipótesis de valor en una frase que puede resultar cierta o falsa. Define el experimento más barato que la ponga a prueba: un video, una página de registro o veinte llamadas. Fija de antemano qué resultado te haría perseverar y cuál pivotear. Y cambia en tu tablero la métrica de vanidad más visible por una de cosechas.

Como fundador te servirá para invertir tu tiempo y tu capital en aprender y no en construir lo que nadie quiere, y para lanzar cualquier línea de negocio nueva cuando tu empresa ya esté establecida, donde la tentación de planear en lugar de aprender es todavía mayor. También te servirá para entender y medir de forma práctica las métricas clave de la industria, como el valor de vida del cliente (Customer Lifetime Value, LTV) y el costo de adquisición de clientes (Customer Acquisition Cost, CAC).

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Cómo me sirvió

Juan Francisco FernándezManaging Partner, Fundadores.net

Octubre 2006: cerramos nuestra primera capitalización, y seis semanas después, a mitad de diciembre, ya teníamos un producto en manos del cliente. En ese tiempo tuvimos que:

  • Diseñar una tarjeta de crédito privada que corría por internet.
  • Cerrar un acuerdo con una gran plaza comercial y acuerdos individuales con algunos de sus comercios.
  • Crear la marca, la imagen y los contratos, y contratar y entrenar al personal.
  • Rentar y adecuar un local, hacer el lanzamiento y conseguir clientes.

Fue un trabajo intenso, pero muy efectivo. Nuestro primer cliente hizo sus compras y nos dio muy buena retroalimentación. Claro que no todo estaba perfecto: cuando ese mismo cliente se acercó a pedirnos su estado de cuenta, descubrimos que habíamos pensado en todo para vender, pero no en lo más básico para cobrar. Lo armamos ahí mismo en Excel y de inmediato lo pasamos a SQL, para que se imprimiera un estado de cuenta con cada compra.

A lo largo de nuestra historia hemos lanzado decenas de productos, y solo unos cuantos tuvieron éxito. En todos fue clave la velocidad de iteración y tener claro que la métrica de tracción que realmente importa es la venta a un precio que haga sostenible el producto; cualquier otra cosa es métrica de vanidad.

Un amigo consultor, que en estos años ha ayudado a la mayoría de las fintechs que más capital han levantado en México, ha visto de cerca tanto la multiplicación como la destrucción de valor. Llegó a una conclusión que también está en Lean Startup, y la tiene en un post-it sobre su escritorio: "It's the product, stupid". Una empresa puede construir de forma espectacular un sistema de conocimiento del cliente, la automatización de su operación, un equipo de ingeniería increíble o una plataforma lista para escalar. Pero si el producto no es bueno, todo eso solo destruye valor. Si el producto es bueno y resuelve un problema real, el MVP da resultados desde el día uno e incluso sostiene las primeras fases de expansión. Y eso se ve muy rápido.

Frase matona: "Caminando y meando."

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