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Principles
Principios — Ray Dalio, 2017
El Bitdolor más reflexión es igual a progreso; convierte cada error en un principio escrito; deja que la mejor idea gane, no la del jefe.
Dalio fundó Bridgewater en 1975 desde un departamento de dos recámaras y la convirtió en el hedge fund más grande del mundo. Pero el libro nace de su peor momento: en 1982 apostó públicamente a una depresión que no llegó, perdió casi todo, tuvo que despedir a todos sus empleados y pedirle cuatro mil dólares prestados a su padre para pagar las cuentas. De ese descalabro sacó la pregunta que organiza el libro: ¿cómo puedo estar seguro de que tengo razón? Respuesta: no puedes, así que construye un sistema que encuentre tus errores antes de que te cuesten la empresa.
Sobre cómo pensar, las lecciones son directas. Sé hiperrealista: no confundas lo que quisieras que fuera cierto con lo que es cierto. El dolor más la reflexión es igual al progreso; el dolor sin reflexión solo es dolor. Tienes dos barreras que te impiden ver bien: el ego, que prefiere tener razón a acertar, y los puntos ciegos, que son las cosas que tu forma de pensar sencillamente no percibe. Y sobre todo, escribe tus principios: cada vez que una situación te duela, anota qué pasó, qué regla se desprende, y la próxima vez decide con la regla en lugar de con la emoción.
Sobre cómo decidir en equipo, el corazón del libro es la meritocracia de ideas, que descansa en tres piezas: verdad radical, transparencia radical y decisiones ponderadas por credibilidad. Verdad radical significa que nadie puede decir a espaldas de alguien lo que no le diría de frente. Transparencia radical significa que en Bridgewater casi todas las reuniones se graban y cualquiera puede verlas. Y la ponderación por credibilidad significa que en un desacuerdo no gana la mayoría ni el de mayor rango, sino que las opiniones pesan según el historial demostrado de cada quien en ese tema; para eso construyeron herramientas como el Dot Collector, donde todos califican en tiempo real la calidad de los argumentos de los demás, y las tarjetas de béisbol, que resumen fortalezas y debilidades de cada persona.
Sobre cómo ejecutar, Dalio propone un proceso de cinco pasos: fija metas claras; identifica los problemas que te impiden llegar; diagnostica la causa raíz; diseña un plan que ataque esa causa; y empuja hasta completarlo. El error común es saltarse el diagnóstico: resolver el síntoma y volver a chocar con la misma pared tres meses después.
El concepto que hay que dominar es el de la máquina: tu empresa es un sistema de personas y diseño que produce resultados, y tú eres al mismo tiempo el operador y el diseñador. Cuando el resultado es malo, la pregunta no es quién falló sino qué parte de la máquina hay que cambiar, y aceptar que a veces esa parte eres tú.
La receta para esta semana: abre un documento que se llame "Principios" y anota el último error caro de tu empresa en tres líneas: qué pasó, qué creías que era cierto y qué regla se desprende. Luego, en tu siguiente decisión difícil, pregúntale a las tres personas con más historial en ese tema qué harían y por qué, y pondera sus respuestas por ese historial, no por su puesto. Con diez registros tendrás tu propio manual; con cincuenta, una cultura.
Frase del autor: "El dolor más la reflexión es igual al progreso." Y sirve más allá de tu rol como fundador: es el mejor antídoto contra el "yes man" en cualquier mesa de decisión y una guía para tu vida personal, porque Dalio escribió primero los principios de vida y después los de trabajo, en ese orden.
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Cómo me sirvió
Un caso que ilustra bien este libro es lo que vivimos en 2010. Ya habíamos pasado el pivoteo y estábamos en franco crecimiento; tocaba multiplicar el área comercial y construir los sistemas que apoyan ese crecimiento, incluida la parte financiera.
Contratamos a un gran ejecutivo con credenciales muy parecidas a las mías: él tomaría finanzas y sistemas; yo, el equipo comercial. Pronto vimos una diferencia de naturaleza personal, de las que habla Kahneman en Thinking, Fast and Slow: a mí me va lo que pide profundidad; a él, decidir rápido en la incertidumbre, que es lo que exige el go-to-market. Sin planearlo intercambiamos roles, y fue lo mejor que le pudo pasar a la empresa.
Dalio diría que el problema no era ninguno de los dos, sino el diseño de la máquina. De ahí dos principios: contratar por currículum se queda corto, porque las capacidades personales y el potencial valen más que la experiencia en papel; y hay que aceptar rápido que una decisión no fue la correcta y rectificar.
El tercero es el que más nos ha dado. Llegamos a ser el primer lugar en crecimiento y rentabilidad de todo el sector financiero regulado sin experiencia previa en crédito, que es un negocio muy difícil, y buena parte viene de este principio: que gane la mejor idea. Eso exige contratar gente con experiencia y darle su espacio, y saber dónde retar, dónde investigar más, dónde mirar hacia afuera y dónde hacia adentro. Lo difícil es el desapego del ego, porque la mejor idea muchas veces no es la tuya. Ese es el verdadero reto.
Frase matona: "No hay peor ceguera que cuando no se quiere ver."