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Blog · 50 Bits para Fundadores · Estrategia

The Innovator's Dilemma

El dilema del innovador — Clayton Christensen, 1997

El Bitlas empresas líderes no caen por malas decisiones, sino por hacer exactamente lo correcto para sus clientes actuales, mientras una tecnología más simple y más barata crece por debajo del radar.

"La buena administración fue la razón más poderosa por la que no se mantuvieron en la cima."

— Clayton Christensen

Christensen era profesor de Harvard Business School y antes había sido emprendedor. Su pregunta era incómoda: ¿por qué empresas bien dirigidas, que escuchan a sus clientes e invierten en tecnología, pierden su liderazgo frente a competidores más pequeños? Para responderla estudió a fondo la industria de discos duros, donde las generaciones cambiaban cada pocos años, y confirmó el patrón en industrias tan distintas como la excavación y el acero.

La distinción central es entre dos tipos de innovación:

  • Innovación sostenida. Mejora el producto en lo que los mejores clientes ya valoran: más capacidad, más velocidad, más desempeño. Aquí el líder casi siempre gana, porque tiene los recursos y los clientes.
  • Innovación disruptiva. Llega con un producto peor en lo que el mercado principal valora, pero más simple, más barato o más conveniente. Primero lo adopta un mercado pequeño o de poco margen, y con los años mejora hasta alcanzar al cliente principal.

Los discos duros ilustran el patrón. Cada nueva generación, de 14 a 8 pulgadas, luego a 5.25 y a 3.5 (y hoy memorias flash, como las USB), fue ignorada por los líderes de la generación anterior, porque sus clientes no la querían. Los fabricantes de computadoras grandes no necesitaban discos chicos; los necesitaban las computadoras nuevas, que todavía eran un mercado menor. Cuando esas computadoras crecieron, los líderes ya habían perdido la ola.

Lo contraintuitivo es que el líder ignora la disrupción por buenas razones:

  • Los clientes controlan los recursos. La empresa asigna dinero a lo que piden sus mejores clientes, y ellos no piden el producto disruptivo.
  • Los mercados pequeños no resuelven la necesidad de crecimiento de una empresa grande. Un negocio de diez millones no mueve la aguja de una compañía de mil millones.
  • Los márgenes empujan hacia arriba. Es más rentable perseguir al cliente exigente que bajar a un segmento de poco margen.
  • La tecnología avanza más rápido de lo que el mercado necesita. Llega un punto en que el producto del líder ofrece más de lo que el cliente usa, y el producto disruptivo ya es suficientemente bueno.

La solución que propone Christensen es organizacional, no tecnológica. Si una empresa establecida quiere aprovechar una disrupción, debe crear una organización independiente, de tamaño acorde al mercado nuevo, con su propia estructura de costos y libertad para ganar dinero con márgenes y volúmenes que la matriz despreciaría. Meter la innovación disruptiva dentro de la operación principal casi garantiza que los procesos y prioridades existentes la ahoguen.

¿Cómo aplicarlo? Si eres el incumbente, identifica qué producto más simple y más barato está creciendo en la parte baja de tu mercado, y asígnale un equipo separado, con metas propias. Si eres el entrante, que es lo normal para una startup, busca justamente el segmento que el líder considera poco atractivo, porque ahí no va a defenderse.

Como fundador te servirá en los dos lados de la historia: al arrancar, para entrar por donde los grandes no quieren competir, y cuando tu empresa crezca, para no convertirte en el líder que deja de ver lo que le crece por debajo del radar.

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Cómo me sirvió

Juan Francisco FernándezManaging Partner, Fundadores.net

2016: previo al lanzamiento de SuperTasas.com, hicimos justo la separación que recomienda Christensen. La operación de crédito era muy exitosa, y en el centro de su estrategia competitiva estaba ser el jugador de menor costo de la industria, para poder ofrecer productos atractivos a los mejores clientes. Lanzar un producto 100% digital para un mercado premium requería otro tipo de enfoque, estructura y talento. Yo era la única persona que transitaba entre ambos mundos, y aunque disfrutaba ambos, las diferencias eran muy evidentes: por un lado, iniciativas muy concretas para subir la eficiencia en oficinas muy frugales; del otro, sesiones con cerveza en las mesas de ping-pong de WeWork para imaginar qué incluir en nuestro roadmap de producto.

Sin esta separación organizacional hubiera sido imposible desarrollar el nuevo producto, y sin él hubiera sido imposible seguir escalando el producto de crédito, porque SuperTasas se volvió nuestra principal fuente de fondeo. Esta misma lección es aplicable a la creación de new ventures dentro de una organización en marcha, y te servirá como fundador en el momento en que pases de tener todo el enfoque en un producto a empezar a diversificar.

Frase matona: "Cada chango a su mecate."

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