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Blog · 50 Bits para Fundadores · Mindset

Extreme Ownership

Extreme Ownership: cómo lideran y ganan los Navy SEALs — Jocko Willink y Leif Babin, 2015

El Bitno hay equipos malos, solo líderes malos; todo lo que pasa en tu empresa es tu responsabilidad, y aceptarlo es lo que te da el poder de arreglarlo.

Willink y Babin comandaron la Task Unit Bruiser de los Navy SEALs en Ramadi, Irak, en 2006, la unidad más condecorada de la guerra, y después fundaron una consultora para llevar sus lecciones a empresas. Cada capítulo abre con una escena de combate, sigue con una lección y cierra con su aplicación en un negocio. La escena que da nombre al libro es un episodio de fuego amigo en el que murió un soldado iraquí y un SEAL quedó herido; cuando el comando pidió responsables, Willink, que podía repartir la culpa entre media docena de errores ajenos, se paró frente a todos y dijo: la culpa es mía. Ese acto no le costó el puesto, sino que le dio la autoridad para rediseñar todo el proceso.

Frase del autor: "El líder debe hacerse dueño de todo lo que pasa en su mundo. No hay nadie más a quien culpar."

Las lecciones sobre la responsabilidad son las más incómodas. Asume la propiedad extrema: de tus decisiones, de las de tu equipo, y de las de tu jefe cuando no logras convencerlo. No hay equipos malos, solo líderes malos; lo demuestran con la historia de las tripulaciones en el entrenamiento básico, donde intercambiaron al líder del mejor bote con el del peor, y en una carrera el bote perdedor pasó a ganar con la misma gente. Cree en la misión: si no puedes explicar el porqué de una orden a tu equipo, primero convéncete tú o discútelo hacia arriba, pero nunca transmitas una orden en la que no crees. Y controla tu ego: el ego es lo que te impide aceptar la crítica, pedir ayuda y admitir que tu plan falló.

Para operar un equipo hay cuatro leyes del combate:

  • Cubrir y avanzar: los equipos dentro de una empresa deben apoyarse entre sí, no competir; el enemigo está afuera.
  • Simplificar: un plan que tu gente no puede repetir en dos frases fallará cuando algo salga mal.
  • Priorizar y ejecutar: cuando todo se derrumba a la vez, elige el problema más urgente, resuélvelo, y solo entonces pasa al siguiente; el pánico viene de intentar resolver todo simultáneamente.
  • Mando descentralizado: ningún líder maneja bien más de seis a diez personas directas; los líderes de cada nivel deben entender la intención del comandante lo suficientemente bien para decidir solos.

Para sostenerlo, tres lecciones más:

  • Planea con tu equipo, no para tu equipo, y haz siempre el análisis posterior de qué salió mal.
  • Lidera hacia abajo y hacia arriba: si quien está arriba de ti no te da lo que necesitas, no es su culpa, es que no has sabido comunicarlo.
  • Decide bajo incertidumbre: nunca tendrás toda la información, y esperar a tenerla es una decisión también, casi siempre la peor.

Y la que resume el libro: la disciplina es igual a libertad. Los hábitos fijos, la hora de levantarse, el proceso de planeación, el orden en el equipo, son lo que te libera para improvisar cuando de verdad importa.

El concepto que hay que dominar es la dicotomía del liderazgo, que ellos desarrollan al final y en un libro posterior: todo principio tiene un extremo que lo convierte en defecto. Ser agresivo pero no temerario; ser disciplinado pero no rígido; dar autonomía pero no perder el control; ser responsable de todo pero delegar. Liderar es saber balancear.

Un punto simple para iniciar: toma el problema más grande que tienes hoy y reescríbelo empezando con "yo no he…": no "el equipo de ventas no cierra" sino "yo no he definido un proceso de ventas que cierre". En la siguiente junta de equipo, pide a cada líder que explique la prioridad número uno de la empresa en dos frases; si no coinciden, tu plan no es simple. Y cuando llegue la siguiente crisis, escribe los problemas en una lista, ordénalos, y ataca solo el primero.

Como fundador te servirá para alinear a todo tu equipo y a quienes reportas, y en tu familia y entorno personal te servirá para formar gente responsable.

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Cómo me sirvió

Juan Francisco FernándezManaging Partner, Fundadores.net

En estos veinte años hemos tenido periodos de alto, mediano y bajo desempeño, y cada una de las personas con las que he trabajado ha pasado también por esa misma variedad. El patrón común en quienes terminan consolidando malos resultados es que dedican más tiempo a encontrar excusas que a resolver los problemas: la macroeconomía, la delincuencia, la dinámica competitiva. Y siempre hemos visto el mismo patrón que describen los autores: al cambiar a un líder de excusas por un líder de alto desempeño, las cosas mágicamente florecen.

Los líderes de alto desempeño con quienes he tenido el honor de trabajar no son del tipo que dice "no llegamos, asumo la responsabilidad" y, entre líneas, "si no te gusta, despídeme". Su estilo es otro: "sé que el estándar que se puede lograr es alto; no estamos ahí porque estamos fallando en A, B y C, y voy a trabajar contigo, con mi equipo y con las diferentes áreas para mejorar X, Y y Z". Y los mejores ni siquiera esperan a que el resultado se confirme como negativo: ven señales tempranas que, de mantenerse, generarán malos resultados, y movilizan a la acción de manera anticipada.

Mi reconocimiento y agradecimiento a todos ellos.

Frase matona: "El que tiene tienda, que la atienda; y si no, que la venda."

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