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Positive Intelligence
Inteligencia positiva — Shirzad Chamine, 2012
El Bittu peor enemigo vive dentro de tu cabeza y se llama el Juez; aprende a identificarlo, cállalo con diez segundos de atención y pregunta qué regalo viene con el problema.
Chamine dirigió la firma de coaching de CEOs más grande del mundo, da clases en Stanford, y su libro parte de una observación incómoda: la mayoría de los ejecutivos exitosos no son felices, y muchos de sus hábitos "de éxito" son en realidad mecanismos de supervivencia que los sabotean. Llama inteligencia positiva a la proporción de tiempo que tu mente trabaja a tu favor en lugar de en tu contra, y sostiene que se puede medir y entrenar como un músculo.
El problema que resuelve lo reconoce cualquier fundador: la voz interna que amplifica cada error, que convierte una junta de alineación en una catástrofe, que te hace controlar todo o complacer a todos o exigirte lo imposible. Esa voz no es "tu personalidad": es un patrón que hoy te cuesta claridad, energía y relaciones.
El método tiene tres pasos.
- Identificar a tus saboteadores. Chamine describe un saboteador maestro, el Juez, que juzga sin descanso a ti mismo, a los demás y a las circunstancias, y nueve cómplices que cada quien combina a su manera: el Evasor, el Controlador, el Hiperlogrador, el Hiperracional, el Hipervigilante, el Complaciente, el Inquieto, el Perfeccionista y la Víctima. Cada uno se disfraza de virtud: el Hiperlogrador cree que su valor depende del siguiente resultado; el Controlador cree que sin él todo se cae; el Perfeccionista cree que estar mal es inaceptable. Ponerle nombre al tuyo es la mitad del trabajo, porque una vez que lo ves como un personaje y no como tu voz, pierde autoridad.
- Fortalecer al Sabio, la parte de tu mente que opera desde la curiosidad y no desde el miedo, con sus cinco poderes: empatizar, explorar, innovar, navegar según tus valores y activar, es decir actuar sin drama.
- Entrenar el músculo con lo que él llama repeticiones de PQ: diez segundos de atención plena a una sensación física —la respiración, la textura de lo que tocas, el sonido de fondo—, unas tres respiraciones, 15 minutos totales al día. Sostenida unas semanas, los estudios de resonancia magnética que cita muestran que esa práctica recablea físicamente el cerebro, reduciendo el estrés y aumentando la satisfacción cotidiana de forma considerable.
Bien hecho, el método se nota en cómo respondes a una mala noticia: nombras al saboteador que se activó, haces tres repeticiones, y luego aplicas la técnica de los tres regalos: cómo puede ser esto un regalo, qué oportunidad abre, qué me enseña. Mal hecho, se vuelve positivismo de calcomanía: negar el problema o forzar una sonrisa. Chamine es claro en que el Sabio no ignora el dolor; lo usa como señal durante un segundo y después lo suelta, mientras el Juez lo mastica durante días.
La receta para mañana: toma el test de saboteadores de Chamine (disponible en línea), identifica tus dos principales, y durante una semana registra cada vez que los encuentras en acción, sin corregirte, solo anotando. Al final de la semana verás el patrón y sabrás en qué tipo de situaciones tu cabeza te sabotea. En paralelo, no montes una rutina nueva: engancha diez segundos de atención a algo que ya haces — el lavado de dientes, el primer trago de café, el trayecto — y haz una repetición extra cada vez que sientas subir el estrés. Es todo lo que se necesita para empezar.
Frase del autor: "Tu mente es tu mejor amiga, pero también puede ser tu peor enemiga." Y sirve más allá de tu rol como fundador: es una lente para leer a tu equipo y a quienes te rodean, porque cada persona trae sus saboteadores a la mesa, y para entender por qué ciertas conversaciones difíciles se descarrilan siempre por lo mismo.
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Cómo me sirvió
Cómo me sirvió
La oficina del CEO es solitaria, y la del fundador todavía más. El patrón se repite porque siempre hay una buena razón para estar abrumado. Al principio, buscando capital, no sabes si estás perdiendo el tiempo. Luego viene encontrar el "product-market fit", y puede ser desesperante seguir buscando un producto con potencial real, uno que le dé sentido al esfuerzo de tanta gente. Después el crecimiento, con discusiones largas para quitar cuellos de botella, sobre todo cuando hay relaciones personales de por medio. Y más adelante las negociaciones con inversionistas, autoridades y proveedores.
Ahí entra este gran coach de CEOs. Si no cuidas tu estabilidad y tu estado de ánimo, eso se refleja en tu salud física y en tu desempeño. Y no es fácil balancear nuestros distintos objetivos: la salud, la familia, los amigos, las relaciones dentro del trabajo y el desempeño de la empresa.
El libro llegó a nosotros en nuestra etapa de mayor crecimiento. Lo leí, se lo compartí al equipo directivo y a todos nos encantó. Nos sirvió para que las discusiones fluyeran rápido, para arreglar los problemas con menos drama y, sobre todo, para no llevárnoslos a la mente y a la casa: ser efectivos en el horario y en el espacio correctos. Lo hicimos parte del entrenamiento de toda la empresa. Si solo pensamos en los resultados sin controlar nuestros saboteadores terminaremos quemados; en vez de ello, aprendamos a controlarlos para buscar grandes resultados de negocio como parte de una vida fantástica.
Frase matona: "El que se enoja, pierde."